La historia se remonta a la Hispania romana, a la llamada Gran persecución de los cristianos durante el gobierno de Diocleciano (284–305). En ese contexto se produce el martirio de los Santos Justo y Pastor que, con siete y nueve años de edad, son ejecutados en 304 en las afueras de Complutum (así se llamaba antes nuesta ciudad) por su oposición a rehusar del cristianismo.
En el lugar donde fueron ejecutados, y con el cristianismo aceptado en el imperio, se levanta una capilla para albergar sus restos en 414. Que luego, con el tiempo y tras muchas vicisitudes, será nuestra Catedral Magistral.
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